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Los problemas
ambientales que genera el transporte de carga terrestre en
la región fronteriza de México y Estados Unidos
son ya, insoslayables. Si bien, es tema de los gobiernos involucrados
e instituciones binacionales, este punto requiere de una legislación
ambiental más rígida, completa y lo que es más
importante, que realmente se aplique.
Ahora
ya es evidente el deterioro ambiental y la afectación
negativa a la salud de las comunidades que se encuentran en
esta región bajo el flujo comercial que se comparte
a lo largo de más de 3,600 kilómetros de frontera,
con el TLCAN.
Organizaciones
ambientalistas analizan las presiones y los impactos que han
derivado del tráfico terrestre comercial en las fronteras
de ambos países. Sin embargo, para los gobiernos, la
guerra comercial por el tránsito transfronterizo de
camiones de carga sigue siendo el punto número uno
a resolver.
Fuentes
norteamericanas señalan que a partir del TLCAN, el
tráfico por carretera se ha incrementado más
de 150 por ciento y el cruce de camiones es mayor a 4
millones diarios.
Datos del US
Department of Commerce and
Bureau of Transportation Statistics
señalan que en 1996, el 81 por ciento en las
exportaciones de Estados Unidos a México se hicieron
por carretera, y que las importaciones de México a
Estados Unidos fueron de un 68 por ciento por esta misma vía.
Sería urgente atender las repercusiones que tiene el
intenso e ininterrumpido transporte de mercancías por
esta vía.
Nuevo
Laredo, Tamaulipas y Laredo, Texas es el puerto de entrada
y salida con mayor afluencia de camiones de carga, en donde
se estimaron en 1997, un cruce de 1.2 millones de camiones
cargados (3,200 trailers aproximadamente por día) y
ya para 1999 1.3 millones de camiones.
A las
presiones ambientales que este tráfico genera, habría
que añadirle el congestionamiento tan grande que se
produce por la constante revisión a la carga por parte
de autoridades estatales y federales; además de no
contar con el número de vías necesarias, así
como las dificultades de operación que se presentan
por no contar con la infraestructura (sistemas automatizados),
personal y horario suficiente.
Otro factor
de tensión y retraso en las operaciones vía
terrestre, es la moratoria norteamericana al transporte mexicano
para que no circule dentro de su territorio.
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