|
IV Cumbre
de los Pueblos
Foro
Sindical de los/as Trabajadores/as de las Américas
Port of Spain, 15-16 de abril del 2009
DECLARACIÓN
Nosotros/as,
sindicalistas de las Américas, representantes de más
de cincuenta millones de trabajadores y trabajadoras de todo el
continente, reunidos en Port of Spain, Trinidad y Tobago, los días
15 y 16 de abril de 2009, antes de la realización de la V
Cumbre de Presidentes de las Américas y posterior a la reunión
del G-20 en Londres, declaramos:
La crisis
actual agudiza la crisis de justicia distributiva
Los últimos
meses han sumergido a nuestra región y al mundo en una nueva
crisis que es peor que la gran depresión de los años
treinta y es “diferente” por su profundidad y magnitud.
El hecho de ocurrir simultáneamente con otras crisis: alimentaria,
energética, social y ambiental, nos habla de un riesgo sistémico
global. Como siempre, los primeros y más afectados son las
mujeres, los/as jóvenes, los/as trabajadores/as en general,
más intensamente aquéllos de la economía informal
y los/as migrantes. Como efecto, también se ha profundizado
una crisis social, impactando mayormente en las mujeres, dificultando
el acceso al empleo, ampliando las brechas salariales y recortando
la inversion en salud, educación y en políticas públicas
universales, reemplanzando el empleo formal por la sub-contratación
y la flexibilización laboral, ocasionando una crisis a los
sistemas de seguridad social y de la protección social en
general.
En su análisis
premonitorio de esta crisis, el sindicalismo internacional ya ha
destacado la existencia de una “crisis de justicia distributiva”
(o crisis de desigualdad), es decir la desarticulación entre
aumento de salarios y aumento de la productividad que afecta seriamente
la vigencia de derechos humanos fundamentales tales como vivir en
un medio ambiente sano, con educación, con salud, con protección
social y seguridad alimentaria.
Finalmente,
la crisis ya está ocasionando un reflujo migratorio desde
los países de destino en el Norte a los países de
origen en el Sur, así como una fuerte reducción de
las remesas, impactando a millones de personas trabajadoras y sus
familias.
Las
crisis ambiental, energética y alimentaria
La Confederación
Sindical Internacional (CSI) ha señalado que no se puede
negar a los países del Sur el derecho al desarrollo y que,
al mismo tiempo, los recursos naturales del planeta no permiten
extender el modo de consumo de los países industrializados
a toda la población mundial. A todo esto se suman los efectos
del cambio climático y la evidencia de que las desigualdades
sociales quedan expuestas de forma abierta ante sus impactos negativos
ya que son los pobres quienes los sufren de forma más descarnada.
Por eso creemos
que, sobretodo en el Norte, el fracaso del sistema neoliberal llama
a un cambio en el modelo de producción y consumo que permita
un desarrollo sustentable que respete los valores de justicia social
y de multiculturalidad. Eso implica, también, reformular
la matriz energética hacia fuentes limpias y renovables de
energía. La actual baja del precio del petróleo (una
evidencia clara de que se especulaba fuertemente con relación
a su precio antes de la crisis) no debe ser motivo para que se deje
de buscar esas fuentes alternativas.
En cuanto a
la crisis alimentaria, aún cuando la baja de precios de los
commodities agrícolas tienden a reducirla, se mantienen activos
tres aspectos negativos que han incidido en ella: el sobreconsumo
en el Norte, la financierización del mercado global de alimentos
y el inadmisible control y manejo genético de semillas por
empresas transnacionales. Estos elementos, junto con el modelo concentrado
del agronegocio de exportación, opuesto a políticas
de reforma agraria, amenazan la supervivencia de la población
campesina y el aumento del nivel de vida vía consumo de alimentos
en los países pobres.
Para el sindicalismo
de las Américas la mayor responsabilidad por esta crisis
es de los gobiernos de las potencias mundiales, quienes modelaron
el mundo que quebró el año pasado, a través
de su poder político y económico, y de las instituciones
internacionales que fueron utilizadas o neutralizadas por éstos,
reflejando los intereses de las transnacionales, lo cual también
llevó a elevados niveles de corrupción e impunidad.
Responsabilizar
solamente a los banqueros es negar la responsabilidad de quienes
debieron regular el mercado financiero. Culpar sólo a los
industriales y a los consumidores por el desborde de la capacidad
del planeta, es negar la responsabilidad de quienes debieron haber
limitado hace tiempo este tipo de producción y consumo y
debieron haber orientado hacia otro modelo de desarrollo.
El “Consenso
de Londres” del G-20 no está a la altura de las circunstancias
El sindicalismo
internacional ha alertado desde hace años sobre la crisis
del capitalismo de hegemonía financiera que evita dar créditos
a las actividades productivas, para dedicarse a la especulación
improductiva. Recientemente el movimiento sindical ha consensuado
respuestas a las declaraciones ante las Cumbres del G-20 en Washington
y Londres, así como la declaración “No a la
economía casino” en el Foro Social Mundial de Belem,
que constituyen una propuesta integral en relación a la crisis.
Pese a nuestras
expectativas sobre la posibilidad de un nuevo multilateralismo emergente
como respuesta a la crisis, observamos que las dos Cumbres del G-20
no estuvieron a la altura de las circunstancias. La regulación
financiera, que el mundo demanda, no alcanzó el nivel que
incluso algunos gobiernos consideran necesario, acordándose
solamente un Consejo de Estabilidad Financiera con funciones básicamente
de supervisión. Salvo las medidas respecto de los fondos
de alto riesgo, los paraísos fiscales, las calificadoras
de riesgo y los propios bancos, las demás son puntuales y
limitadas. Un ejemplo de esto son las resoluciones adoptadas respecto
a los bonos a los ejecutivos, ya que no se le pone límites
a este tipo de remuneración.
Profunda decepción
nos ha causado también la tentativa de rescate a instituciones
financieras que son el paradigma del modelo neoliberal que fracasó
con esta crisis. Por eso es un equívoco poner al Fondo Monetario
Internacional (FMI) en el centro coordinador, financiador y fiscalizador
del proceso, como garante de la salvación del sistema financiero,
sin que se establezcan nuevos criterios que modifiquen sus condicionalidades,
ni exista una crítica profunda sobre su responsabilidad por
la implementación de políticas que desarmaron a los
Estados y gobiernos, deteriorando su capacidad de control económico
y dejando que los mercados destruyeran la capacidad soberana de
establecer políticas públicas.
Consideramos
fundamental la defensa de los países del Sur referente a
la importancia de los programas expansivos y el énfasis que
le dan a la regulación del sistema financiero. Pero nos sorprende
amargamente que, todavía, los recursos prometidos estén
especialmente dirigidos a los paises del Norte, con una baja asignación
específica para los países del Sur (alrededor del
10%). Asimismo, la promesa de un cambio en el sistema de voto del
FMI y Banco Mundial deberá esperar, para ver si se concreta.
En el campo
comercial, la exhortación del G-20 a terminar la Ronda de
Doha con base en los acuerdos ya alcanzados el año pasado,
nos preocupa mucho, pues esto abre una nueva posibilidad para el
bloque de países que proponían un enfoque desequilibrado
e insatisfactorio a los países del Sur y emergentes.
Finalmente,
destacamos el lugar otorgado al mundo del trabajo en la Declaración
de Londres, reconociendo la necesidad de crear empleos y poner a
la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en un papel
de evaluadora de la cuestión laboral de las políticas
del G-20.
La V
Cumbre de las Américas debe aprobar cambios
Esta V Cumbre
trae consigo una gran expectativa de la opinión pública
en general y del movimiento sindical de toda la región en
particular, no sólo por la madurez de varios gobiernos progresistas
latinoamericanos y la asunción de una nueva administracion
en EE.UU., sino porque se trata de una oportunidad hemisférica
para abordar el problema de la crisis. Desde la perspectiva sindical,
es también importante el hecho de que esta Cumbre es la primera
luego de la derrota del ALCA durante la Cumbre de Mar del Plata,
en el año 2005. Sin embargo, el borrador de la declaración
no refleja la sensibilidad política hacia esta realidad.
Se trata de “un documento más” que sólo
introduce un breve párrafo genérico en el que los
gobiernos se manifiestan decididos a reforzar la cooperación
y trabajar juntos para restaurar el crecimiento mundial y lograr
las reformas necesarias en los sistemas financieros mundiales.
No hay propuestas
de políticas concretas de coordinación regional y
acciones para la efectiva mejoría de la calidad de vida y
empleo de las personas. El documento debería partir de las
decisiones del G 20 y avanzar mucho más, principalmente para
dar un vuelco a las orientaciones económicas, políticas
y sociales en la región.
Por otro lado,
parece ocultarse el hecho de que muchos países aún
estimulan y negocian tratados de libre comercio (TLC). Como hemos
visto en experiencias nacionales como la mexicana o chilena, no
conducen al desarrollo de las economías de los más
débiles ni a la mejora de la calidad de vida de los y las
trabajadoras de las economías más fuertes. Estos intentos
de mantener el sistema se hacen fundamentalmente a costa de la vida
de las mujeres, el despido masivo, los recortes del gasto publico
en las áreas sociales y la reafirmacion del modelo productivo
y de desarrollo que impacta directamente a éstas, en tanto
que aumenta el trabajo de reproducción y sustentabilidad.
Los TLC se erigen como una firme amenaza e incluso atentan contra
la integridad y el avance de procesos de integración regional
que, sin dudas, por ser más igualitarios, podrían
conducir a soluciones alternativas a la crisis.
Tenemos certeza
absoluta de que una de las maneras de avanzar hacia este modelo
de desarrollo en las Américas es a través del fortalecimiento
y la profundización de los procesos de integración
regional como forma coordinada, complementaria y solidaria para
que los países miembros fortalezcan sus economías
y brinden bienestar a sus sociedades. No tenemos dudas de que la
Integración debe ir más allá del plano comercial.
Es por este motivo que desde hace más de 15 años,
el sindicalismo de las Américas se opone a las negociaciones
de simples acuerdos de libre comercio o libre inversión y
demanda la revisión de los acuerdos vigentes que, como lo
advertiéramos, han traído pesares a nuestros pueblos
Las
trabajadoras y los trabajadores de las Américas tenemos propuestas
Hace casi cuatro
años que el movimiento sindical, junto a otros movimientos
sociales, se movilizó ante la IV Cumbre de las Américas
en Mar del Plata, contra el ALCA y en defensa de la Plataforma Laboral
de las Américas (PLA), un documento amplio de políticas
públicas para promover un “desarrollo sostenible con
trabajo digno”.
La propuesta
de la PLA cobra hoy una relevancia y urgencia especial para el modelo
de desarrollo sostenible (o sustentable) que integra las dimensiones
social, económica, ambiental, política y cultural,
en un marco de justicia intra e intergeneracional, la única
respuesta adecuada a las múltiples crisis que presenta la
actual coyuntura mundial. Es decir, un desarrollo con justicia social,
con distribución de la riqueza, con preservación del
ambiente, con equidad de género, con protección de
la salud, con democracia participativa, con respeto por la diversidad,
con equidad entre naciones y entre generaciones.
En lo inmediato,
y como respuesta a la crisis, consideramos esencial tener en cuenta
los siguientes aspectos:
Multilateralismo
y nueva institucionalidad global
- La defensa
del multilateralismo es clave. Se debe establecer normas justas
en materia de comercio internacional, reforzar mecanismos de aplicación
de los derechos laborales, para contribuir al desarrollo de los
países y a la reducción de las desigualdades entre
las naciones. El nuevo multilateralismo debe priorizar el tema
del trabajo.
- La Organización
de las Naciones Unidas (ONU) es el ámbito natural del debate
de esta crisis y como tal se la debe fortalecer. Nos parece importante
la propuesta de creación de un Consejo Económico
Global con nivel equivalente al Consejo de Seguridad, para definir
diretrices concretas para la solución de la crisis.
- Este es
el momento para se retomar el debate sobre la “tasa Tobin”
y los mecanismos de control de la circulación monetaria
y financiera en el mundo, para contener y evitar la especulación
y poner un fin a los paraísos fiscales. Se debe favorecer
nuevos servicios financieros para la economia solidaria.
- Debe haber un mandato claro sobre el rol y la estructura de
la OMC, con vistas a transparentar y democratizar su funcionamento.
Blindaje social,
empleos decentes y sustentabilidad del planeta
- En el plano
social, se necesita un blindaje social, amparado en políticas
públicas y en fortalecimiento del rol del Estado en la
economía.
- Es necesario
asegurar que la nueva arquitectura mundial para el desarrollo
integre plenamente la igualdad de género y los derechos
humanos de las mujeres sobre las bases de los compromisos asumidos
internacionalmente. De acuerdo a la Declaración del Milenio
de Naciones Unidas, en su párrafo 20, “Los Estados
se comprometen a promover la igualdad entre los sexos y la autonomía
económica de las mujeres como medios eficaces de combatir
la pobreza, el hambre y las enfermedades, y estimular un desarrollo
verdaderamente sustentable”. La formulación de este
objetivo implica el reconocimento de que sólo en la medida
en que se contemple las necesidades y realidades diferenciales
de hombres y mujeres, será posible disminuir la situación
de desigualdad alarmante que presenta el continente, fortaleciendo
la democracia y la paz social.
- La CSI propone
un plan de recuperación y crecimiento sostenible, centrado
en una política de inversión pública orientada
al desarrollo social y a la creación de empleo. En ese
sentido, se debe priorizar la creación de infraestructura
productiva y social, incluyendo la mejora de los servicios públicos
para todos y todas.
- Es fundamental
el aumento del ingreso de los sectores bajos y medios; políticas
focalizadas en los grupos más afectados: jóvenes,
mujeres, migrantes, adultos mayores, personas con necesidades
especiales, pueblos originarios, trabajadores temporarios, sub-empleados
y a tiempo parcial. Se insiste también en el derecho de
los/as trabajadores/as a formar sindicatos libres, a elegir delegados/as
y a negociar colectivamente, poniendo especial énfasis
en la redistribución de beneficios.
- Apoyamos
la iniciativa de la OIT de, a través de un Pacto Mundial
para el Empleo, debatir la creación de un Fondo Global
de Empleo que lleve en cuenta la asimetría de capacidad
fiscal existente entre países en desarrollo y desarrollados.
- Más
que nunca es necesario defender la vigencia de las Normas Fundamentales
del Trabajo, especialmente la libertad sindical y la negociación
colectiva, y acompañar a la OIT en sus posibilidades de
acción ante la crisis, incluyendo la creación del
Foro y su participación en el G-20.
- Reafirmamos
la importancia de la ratificación e implementación
del Convenio Multilateral Iberoamericano de Seguridad Social,
para invalidez, vejez y supervivencia. Ya existe un convenio similar
vigente (desde 2005) en el Mercosur, lo que podrá servir
de referencia para que se avance en su aplicación en el
continente.
- Valoramos
también el acuerdo del Panel Internacional sobre Cambio
Climático (IPCC) al considerar que la crisis ambiental
debe tomar en cuenta el principio de responsabilidades comunes
pero diferenciadas.
- El movimiento
sindical internacional hace un llamado a dar cumplimento con lo
acordado en la X Conferencia sobre la Mujer de América
Latina y el Caribe, celebrada en Quito 2007. No aceptamos que
la crisis conlleve a retrocesos en lo que se pudo avanzar en la
igualdad de género con relación a la participación
de la mujer en el mundo del trabajo.
- Por fin,
los gobiernos deben retomar los procesos de Diálogo Social,
profundizar la transparencia, la democracia y garantizar la participación
social y ciudadana en los espacios de debate de solución
a la crisis.
Llamado
a la acción
El movimiento
sindical exige políticas concretas de los gobiernos de la
región para que se materialicen las propuestas que están
siendo debatidas. Demandamos espacios de participación a
nivel nacional e internacional para presentar nuestras propuestas.
En ese sentido es imprescindible establecer más y mejores
mecanismos de consulta entre los gobiernos y el movimiento sindical.
Vemos con expectativa
el proceso político norteamericano, donde el nuevo presidente
se comprometió a presentar al sindicalismo no como un problema
sino como una parte de la solución de la crisis. Apoyamos
con energía la aprobación de la Ley de Libre Elección
de Empleados (EFCA), que defiende el derecho de los/as trabajadores/as
norteamericanos a organizarse libremente y a negociar colectivamente,
evitando la intromisión empresarial en la organización
de los/as trabajadores. Esto, además de contribuir al fortalecimiento
de la economía norteamericana, tendrá implicancias
positivas en el escenario internacional y de las Américas.
Saludamos la
reciente decisión del gobierno Obama de permitir a los estadounidenses
que viajen a Cuba y que envien dinero a ese país, así
como la medida de establecer conexiones de fibra optica y satélite
con la isla, y la ampliación de la lista de productos humanitarios
que podrán ser exportados hacia la misma. Es también
esperanzadora la misión recientemente realizada por congresistas
de EE.UU. a Cuba. Estos pasos positivos deberán desembocar
en el cese definitivo del embargo a Cuba, que es demandado desde
hace décadas por el sindicalismo de las Américas.
Como parte
del movimiento sindical internacional reivindicamos que, en la proxima
cumbre del G-20, se aprueben acciones y cambios efectivos en la
regulación de la economía mundial. En el plan financiero
se debe apoyar la creación de instituciones regionales de
regulación y monitoreo de la actividad financiera, y profundizar
el proceso de fortalecimiento del Banco del Sur.
Esperamos y demandamos que las prioridades de las decisiones del
G-20 y otros órganos multilaterales sean el cambio de las
políticas que originaron la crisis, el combate a sus efectos
y la consolidación de un multilateralismo volcado a la equidad
social, al trabajo decente con salario digno y al desarrollo sustentable.
Convocamos a
los/as trabajadores/as de las Américas a movilizarse: el
1º de Mayo, Día Internacional de los/as Trabajadores/as
y Movilización frente a la Crisis; el 7 de Octubre, Jornada
Mundial por el Trabajo Decente frente a la Crisis; y el 25 de Noviembre,
Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer.
¡POR
LA VIGENCIA DE LA LIBERTAD SINDICAL Y DE LA NEGOCIACION COLECTIVA!
¡POR
UN BLINDAJE SOCIAL!
¡POR
LA APLICACION DE LA PLATAFORMA LABORAL DE LAS AMERICAS!
Port of Spain,
16 de abril de 2009.
|